La ridícula idea de no volver a verte

Hace unos días conocí a la maravillosa Rosa Montero y no, no es que me cruzara con ella por la calle o quedáramos a tomar un café, fue algo mucho más íntimo y prolongado, ya que tuve el magnífico placer de toparme con sus #Palabras.

Rosa Montero es una reputada periodista española, además de una escritora con un innegable talento para leer y retratar a las personas, una capacidad que le facilita la compleja labor de conectar con el lector y transportarlo con su don de la #Palabra hasta donde ella quiere. Y eso mismo me ocurrió a mí cuando me adentré en las páginas de La ridícula idea de no volver a verte, sentí como me ataba con delicada firmeza a cada una de sus certeras #Palabras y me impulsaba más y más lejos, cada vez con mayor fuerza, por un viaje emocional que empezaba en sus ideas y vivencias y terminaba en las mías. Un bombardeo de sentimientos e interrogantes en toda regla, tan profundo que, a día de hoy, sigo mareada en mitad de una resaca de la que no termino de recuperarme.

Pero cómo, ¿el mundo sigue igual sin él? Tu cabeza lo entiende, pero tu corazón se queda atónito.

Al pasar cada una de sus páginas, no tenía la sensación de estar delante de un libro, separada de la autora por ese muro que se crea a base de papel y tinta impresa, sino que me veía a mí misma en mitad de un diálogo apasionado, disfrutando de un intercambio de ideas en el cual ella me daba las pausas necesarias para poder yo luego explayarme tras su discurso y sacar mis propias conclusiones.

Nuestra memoria en realidad es un invento, un cuento que vamos reescribiendo cada día.

En este breve ensayo, Rosa habla de temas tan trascendentales como la perdida, la vida, el amor, la escritura, los modelos de familia, el lugar de la mujer a lo largo de la historia y su situación actual, entre otras pinceladas que ayudan a crear la compleja y profunda composición general de este cuadro. Todo ello, además, salpimentado con las vivencias de Marie Curie, anteriores y posteriores al fallecimiento de su marido y colega científico, Pierre Curie. En sus páginas te encuentras con fragmentos del diario personal que la científica escribió tras la muerte de Pierre, a modo de un diálogo íntimo dirigido al fallecido y en el cual se plasma, con una crudeza dolorosa, la emoción y el desgarro de un ser que ha perdido una parte esencial de sí misma y se tiene que enfrentar a un mundo totalmente nuevo y seguir adelante.

Sólo en los nacimientos y en las muertes se sale uno del tiempo; la Tierra detiene su rotación y las trivialidades en las que malgastamos las horas caen sobre el suelo como polvo de purpurina.

De este modo, a través de este breve diario, Rosa Montero construye un mundo de emociones por el que se es incapaz de pasar de manera desapercibida sin que, a tu paso, te calen hondo —hasta los huesos— sus reflexiones. Como una apasionada conversación con una vieja amiga con la que no tienes ninguna clase de secreto y lo compartes todo, consigue hacerte hablar sobre esos temas que siempre están allí, de fondo como un eco, y que, sin embargo, muy pocas veces nos atrevemos a hacerlos realidad en nuestros labios.

La vida es tan tenaz, tan bella, tan poderosa, que incluso desde los primeros momentos de la pena te permite gozar de instantes de alegría: el deleite de una tarde hermosa, una risa, una música, la complicidad con un amigo. Se abre paso la vida con la misma terquedad con la que una plantita minúscula es capaz de rajar el suelo de hormigón para sacar la cabeza.

Se trata de un libro que, aunque se lea rápido, hay que tomarlo con calma. Se podría decir que cada capítulo desarrolla uno o varios temas, aunque al final se tratan de aspectos que están tan íntimamente relacionados que resulta imposible no mezclarlos o no trazar un debate entorno a cada uno de ellos mucho más amplio. No obstante, es cierto que cada capítulo habla sobre un aspecto concreto de la vida de Madame Curie, lo que luego deja espacio a la autora para poder extenderse en ese debate existencial del que os hablaba.

Sin caer en la típica divinización del personaje, te presenta a una Curie más humana que nunca, con sus luces y sombras, sus aspiraciones y fracasos, una personalidad compleja y cercana que, además, fue capaz de levantar lo suficientemente la voz como para ganar, quizás no todo pero gran parte, del reconocimiento que se merecía. Eso sí, con todo el sacrificio y bajo el estigma de una sociedad que le cerraba las puertas a las mujeres y que, a través de su labor, consiguió abrir una pequeña rendija por la que poder asomarnos el resto. Eso sí, tampoco diría que es un libro feminista ni tampoco una biografía o autobiografía de la autora. Es un libro que habla de lo que significa y supone estar vivos, con toda la estela trascendental que acompaña al ser humano desde el principio de su existencia. En definitiva, es un diálogo íntimo con nosotros mismos, una mirada a nuestros adentros y una compresión de nuestro estar en el mundo.

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